miércoles, 3 de noviembre de 2010

~Un Septiembre Cada Mes~

  La noche transcurre lentamente en la heladería. Las casas cerraron, la mayoría, sus ventanas y apagaron sus luces. Nadie transita por las calles. Sólo ellos se quedaron más alla de las horas. Y conversan...

Él (con gesto reflexivo):- ¿Qué pasaría si hubiese un mes por cada día de la semana?
Ella:- Tendríamos 12 días a la semana.
Él:- Y tres días de fin de semana.
Ella:- ¿Tres?
Él:- Claro. Generalmente Diciembre, Enero y Febrero son vacaciones.
Ella:- Con ese criterio se podría decir que también tendríamos la mitad de un día de feriado cada semana.
Él:- ¿Por las vacaciones de invierno?
Ella:- Exacto.
Él:- No estaría mal. Y ¿Cuántas horas tendría cada día?
Ella:- Tantas como tienen 30 o 31 días, exceptuando Febrero que podría tener 28 o 29 días.
Él:- O sea que habría días más cortos que otros.
Ella:- Bueno, pero si seguimos la línea de cosas que planteás no habría mucha diferencia. Digo, después de todo cada día tendría más de 720 horas. No me quiero imaginar cuánto duraría la noche.
Él (riendo):- Sería divertido. Parecería interminable.
Ella:- Sería divertido si hay algo que hacer, sino sería extremadamente aburrido.
Él:- Bueno, eso es verdad. (Se detiene a pensar un instante y toma otra cucharada de su helado) Ahora que lo pienso. Antes, cuando dijiste lo de que no habría mucha diferencia con los días más largos y más cortos ¿Quisiste decir que 24 horas menos no te importarían?
Ella:- Algo así. Quise decir que no te darías cuenta.
Él:- ¿Estás segura? ¿Sabés la cantidad de cosas que se pueden hacer o pueden ocurrir en 24 horas?
Ella:- Vos mismo lo dijiste. Lo importante son los sucesos y no tanto el tiempo. Quiero decir, el tiempo es importante pero, a veces, importan más los sucesos. Podrías tener una idea magnífica y no llevarla a cabo hoy por vagancia. O bien podrías completarla en menos de 10 minutos y tener el resto de las 23 horas y 50 minutos de tu dia para no hacer nada. No importa tanto las horas que tenés en un día sino lo que hacés en esas horas.
Él:- Tenés razón. Y ahora que lo analizo ¡Qué feo sería querer deshacerte de un suceso triste y no ver la hora de que termine el día cuando el día dura tanto!
Ella:- Es verdad. En ciertas ocasiones es necesario que el día sea corto. Pero ¿Lo decís por algo en especial? Digo porque te pusiste un poco triste cuando dijiste eso.
Él (sonriendo con resignación):- Es difícil ocultar algo cuando la otra persona sabe todo de vos.
Ella (riendo alegre):- Sí ¿Viste?
Él:- Estaba pensando en que me gustaría borrar por completo la semana pasada.
Ella:- ¿Por completo?
Él:- Bueno, no. Hubo muchísimas cosas buenas, pero el numero de cosas malas supera demasiado al de las cosas buenas.
Ella:- Pero de los errores se aprende. No por eso vas a borrar las cosas buenas. Además, ya no sos, por suerte, lo que eras la semana pasada. Dejá de mirar el ayer y concentrate en el hoy. Ya no vas a volver a ser lo que fuiste.
Él:- ¿Cómo sabés?
Ella:- Porque te conozco y porque creo en vos.
Él:- Gracias.
Ella:- De nada. Relajate y no pienses tanto en el pasado.
Él:- Es que siento un impulso muy grande de querer arreglarlo.
Ella:- Hey, amor, ya lo estás haciendo. Siendo este que sos hoy, este que yo conozco, ya hacés bastante. Lo otro será cuestión de tiempo.
Él:- Y cuestión de que no lo embarre con hechos ¿no?
Ella (riendo):- Claro. (se queda observando con extrañeza el rostro de su compañero que adquirió un gesto pensativo) ¿En qué pensás?
Él:- Creo que tengo una idea sobre cómo aprovechar con hechos el resto del tiempo que queda del día.
Ella:- ¿Según tu teoría o según la teoría real?
Él:- Según la teoría real. Ya descarté la mía. Vamos a casa (se levanta invitando a su compañera a que lo siga)
Ella (saliendo a la calle):- No estaba tan mal tu idea ¿Por qué la descartaste?
Él:- Porque tenía bastantes errores. Además soy feliz así. Con 12 meses al año y 365 días que, a su vez, se reparten en semanas de 7 días, cada uno con sus respectivas 24 horas.
Ella:- Si vos decís...
Él:- Sí, supongo que sólo me dejé llevar por la idea de tener un día de la primavera por semana (ríe)
Ella (riéndose también):- Mira vos. Igual, para mi, no es tan necesario.
Él:- Ah ¿no?
Ella:- No. Cuando sonreís para mi es una primavera constante, y con eso me alcanza y me sobra.
Él (sonrojándose):- Gracias.
Ella:- De nada.
Él (al verla a ella pensativa):- ¿Qué pasa, amor?
Ella:- No, nada. Me dejé llevar por tu teoría. Ahora que la descartaste sólo nos quedan unas horas antes de que el día de hoy se termine.
Él:- No te preocupes. Tengo una idea para aprovecharlo y va a parecer que vivimos varios días en apenas unas horas.
Ella (riendo):- Bueno, si estás tan optimista...

  Y se pierden de vista al doblar una esquina. La Luna ahora está en lo alto y las estrellas la respaldan. No hubo nube que se animara a bloquear el paisaje.

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