Llegó a la meta jadeando. Respiraba con dificultad pero mantenía la postura. El otro, resignado ya, caminaba hasta la altura de él.
-Menos mal que no te interesaba la competencia.- grita desde atrás con bronca el perdedor.
-La verdad es que no me interesa. Yo competí porque me metieron a competir vos y el que cree que es mi dueño.- suelta firme el ganador.
-Yo no te puse a competir. Vos hiciste de esto de una competencia. Yo no participaba. Vos me metiste.
-Sí, yo te metí pero al parecer nunca saliste. Yo dejé este juego infernal hace rato. Vos al parecer no entendiste eso y me pusiste de vuelta en el tablero.
-No empieces con tu psicología enfermiza.
-Sé que me gané mala fama pero, en serio, no estoy intentando psicologear a nadie. Tampoco pretendo esta batalla por la posesión de algo inexistente.
-¿Algo inexistente? ¿Significa que para vos no existe?
-Significa que estamos peleando sin motivo y por algo que no tiene sentido.
-¿Ahora tampoco tiene sentido?
-¿Te vas a agarrar de eso para seguir compitiendo?
-No, pero me gustaría exigir más respeto para el supuesto premio.
-No hay premio. Vamos a hacerlo más simple. El premio te dio las cartas a vos y yo ni siquiera tengo cerca la baraja. No hay duelo que llevar a cabo. Si querés seguir, seguí. Guardate las cartas de recuerdo. Yo te dejo el partido.
Lentamente el ganador se fue caminando hacia la salida.
-¿Te vas? ¿Así sin más?- seguía preguntando el otro.
-No tengo motivo para quedarme. El premio, para mí, era encontrarme conmigo y afianzarme. Me reencontré, pude poner mis pies sobre la realidad otra vez. Ya no necesito seguir con esto.
-¿Y la amistad?
-Sigue ahí donde siempre estuvo. Cuando la veas avisame. Yo voy a estar donde siempre estuve, en mi lugar.
Vos más que nunca sabés donde es ese lugar.
Tirando la tolla sobre un balde lleno de agua sucia, el ganador cruza la salida y desaparece.

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