lunes, 8 de noviembre de 2010

~El Fuego Eterno~

  ¿Quién diría que hoy en día la fusión de Almagro-Haedo iba a tener más sentido que cuando se produjo? Al principio todos nos dejamos llevar por las palabras dulces del "para siempre" pero ¿Cuántas veces esa palabras se cumplen? Hoy yo sí puedo decir que ese fuego se hizo eterno.
  Era un caído tan común como cualquier otro. Un alma rota, sin remedio, del montón. Uno más. Y vos hiciste que me sintiera especial, único. Me regalaste tu sonrisa tantas veces como pudiste y así yo aprendí a imitarla. Incluso, logré recuperar la mía. Mis días tenían sentido y las horas a tu lado siempre se hacían infinitas. Como cuando me adelanté a los hechos del año que se venía y te pedí que cuidaras de mis sueños.
  No te niego que intenté escaparme y alejarme de vos cuando estaba ya transformado en una bestia. Quizás fue porque no quise lastimarte, tal vez fue porque no soporté el hecho de ver destrozado todo aquello que tanto costó construir.
  El tiempo y los sucesos me mostraron, sin embargo, que era imposible separar esa unión. Y que, además, yo no quería separarla. Por más duro que fui, jamás me separé de vos del todo. Jamás pude. Y siempre te cuide desde mi lugar. Esa promesa que siempre voy a cumplir. Hoy ya no tengo miedo de no estar a la altura del  "para siempre".
  Me bastó sólo un viaje. A vos te alcanzó sólo una sonrisa de ojitos brillantes como estrellas de medianoche. Ese día parecía no tener nada de especial y, rompiendo estructuras, nos posó la Luna más bella sobre nuestras cabezas en pleno día cuando debajo estábamos nosotros riendo infantilmente una vez más.
  El 160 esa vez fue enorme para mí cuando, por la mañana, lo tomé para llegar hasta la famosa parada de Viamonte y Rucci. Llevando distraídamente mis pasos iba pensando qué diría mi corazón y mi mente cuando te volvieran a ver. No llegué a descifrar ese enigma a tiempo. Vos ya caminabas hacia mí con tu natural soltura de siempre y abrazándome me devolviste todos aquellos sueños que guardé en tu ternura.
  Así como una vez Pity dijo que "Se equivocó Joaquín", yo hoy puedo decir que se equivocó el Pity. El local de ilusión no se cerró antes de que supieras quién soy. Vos cuidaste de ese que soy hasta que pudiste devolverlo a mí. Después de eso, erradicar al "otro" de mi fue tarea fácil. Ya no tenía argumentos para quedarse. Y lo que es mejor aún, ya nunca va a volver. Sé que hoy le teme a este que soy.
  Para asegurarte de que las cosas marchaban bien te quedaste vigilando el proceso. Cuidando mis pasos al caminar otra vez. Y diste, como de costumbre, con la poción indicada.
  Quisiera poder escribirte un agradecimiento tan largo y hermoso como lo fue volver a ser el que verdaderamente soy, pero no podría lograrlo ni escribiendo la continuación de la Historia de Duendes porque ni los duendes pueden contar esta historia mejor que nosotros mientras la hacemos.
  Por eso sólo me voy a limitar a decir que este hombre sensible no cruza los brazos, no cree en refutar leyendas, demostró que tu amor no lo gana cualquiera.

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