Como la compu estaba en la pieza de mis viejos, yo me llevaba el equipo a la pieza de ellos y, como no había mucho lugar para nada, lo tenía que dejar en la otra punta de la habitación. Era bastante molesto, a veces, tener que pararme para ir a cambiar el CD, pero yo me las arreglaba para hacerlo un poco divertido. Una de las tantas cosas que me acuerdo que hacía era saltar por encima de la cama de mis viejos (porque el espacio que me dejaba para pasar entre la cama y el televisor no era muy ancho y, de cuando en cuando, me llevaba puesto el mueble de la tele) para llegar hasta el equipo.
A veces el salto era con las piernas hacia adelante y con los brazos flexionados para los costados (uno hacia arriba y el otro extendido hacia delante). Me acuerdo que lo hacía para poder imitar el símbolo de Catupecu Machu, que yo en ese momento no tenía ni idea de que era de Catupecu. Yo sabía que el símbolo lo había visto en algún lado y me gustó tanto que lo quería intentar. No sé si fue un amigo que me sugirió que tal vez fuera de Kapanga o si yo lo pensé así por simple ignorancia. Sólo me acuerdo que un día caí en la cuenta de que era el símbolo de Catupecu y me decidí a repasar la discografía de la banda.
Día tras día me dejé llevar por la canciones de la banda. Me llegó lo suficiente como para acompañarme hasta bien entrada la adolescencia. Entre tantos cambios que llegaron tan de repente la fui olvidando, sin querer. Sin embargo, siempre quedó guardada en ese cajón de los recuerdos inborrables que tengo escondido por ahí.
Es un recuerdo típico, muchas veces lo repasé. Aunque tengo que admitir que esta vez fue distinto. Catupecu era una de esas tantas bandas que tenía como página en blanco. Salvando alguna que otra situación, nunca me trajo grandes momentos. Esta vez, en cambio, me dejó ver bien claro que tus facciones acompañaban el recuerdo. Incluso las melodías que sonaron en mi cabeza llevaban tu nombre entre las notas.
Tal vez no signifique la gran cosa para muchos, pero para mí fue todo un cambio. Fue, quizás, como rellenar un vacío que no notaba antes y que ahora, así tan lleno, me sirve para complementarme como ese que soy hoy por hoy.
No creo que vaya a enterarme si algún día leés esto, pero si lo llegas a hacer sería bueno que sepas que quedaste en aquel cajón. Sin que yo me diera cuenta, marcaste tu nombre en mis años dorados. Puede que haya sido porque cuando apareciste salvaste mi presente que hoy en día está en el pasado y que, sin embargo, está ahí. Tan presente como ningún otro.
Puede que no sea correcto dejar un agradecimiento en estas líneas. Después de todo siempre que te veo te muestro mi agradecimiento en cada instante, aunque no lo haga tan público o aunque lo haga tan exagerado. Tampoco me parece ideal disculparme por esta vía, las disculpas escritas nunca tienen buen fin. Creo que sólo quería hacer notar algo, no hacer una carta.
Por eso, tal vez, sea mejor ir cerrando este escrito. Voy a seguir pensando igual que hay cosas que no estoy diciendo, que hay muchas cosas que tendría que hacerte saber, pero bueno, creo que "de eso habla el relato y hay cosas que siempre guardo"...
...De oírte hablar,
de gritarte al oído...
...Cuadros dentro de Cuadros...