martes, 1 de febrero de 2011

~Noche De Venecia~

  La noche era inmensa y profunda. Nadie se animaba a salir por miedo a romper aquella calma por momentos inquietante. Sin embargo una figura descendió de un colectivo solitario que cruzó la avenida haciendo sonar su ruidosa maquinaria sin piedad. La silueta atravezó la ciudad con rapidez. Ya estaba llegando tarde.
  El largo y angosto puente todavía estaba lejos y el eclipse estaba por comenzar. Jamás se perdonaría si fallaba. Caminaba a paso acelerado pero sin perder la calma. Las calles estaban desiertas. Ni los autos manchaban con sus luces el asfalto.
  Luego de dejar atras el famoso "Luna Park" se sintió más tranquilo. A lo lejos alcanzó a distinguir un cigarro prendido y aceleró un poco más sus pasos. Al pasar el puente la Luna llena reflejó por completo los rubios mechones de otra silueta que permanecía inmutable en un banco al final del camino.
  Estaba terminando de bordear el río cuando escuchó que la otra figura cantaba la conocida canción que le otorgó su apodo pero cambiandole la letra con crudeza: "Mr. Jones cruzó el puente, vió a su amigo casi muerto y la sangre de a poco se le enfrió..."
  Sin prestar atención siguió su camino hasta llegar al banco y se sentó sin siquiera mirar a los ojos a su acompañante. Con la misma tranquilidad sacó de su bolsillo un paquete de cigarros y se dispuso a encender uno.

-Llegaste justo a tiempo- dijo el otro sin desviar su mirada que estaba perdida en el lo profundo del río turbio a pocos metros de ellos.
-Te dije que jamás te iba a fallar, Jacki. Mucho menos en una ocasión como esta.- respondió Mr. Jones mientras soltaba la primera bocanada de humo.
-¿Qué tiene de diferente esta ocasión? Sigue siendo una más del montón.- continuó con frialdad Jacki

  El eclipse comenzó. Mr. Jones lanzó una mirada rápida hacia el cielo y luego miró por primera vez a su costado. Jacki lucía derrotado, tenía los ojos entrecerrados y daba la impresíón de haber llorado no hace mucho. Movía mecánicamente su brazo para llevarse el cigarro a la boca y, sin embargo, se notaba en todas sus facciones una fragilidad sin consuelo.

-¿Qué pasó?- preguntó Mr. Jones sin esperanzas de encontrar una respuesta.
-Murió. Simplemente eso. Murió, se fue.- contestó Jacki al tiempo que esbozaba una siniestra sonrisa irónica.
-¿Estuviste en el departamento hasta recién?
-No. Salí a dar una vuelta por la ciudad y después terminé sentado acá. No me quedé mucho tiempo ahí. -levantó la mirada al terminar la frase y al ver que su amigo no decía nada continuó- No apostabas ni un centavo a que iba a salir de ahí ¿no? Pensaste que iba a quedarme a juntar los restos de un desastre sin arreglo. Que iba a llenar mi sangre con alcohol hasta que mi borrachera no me dejara ni respirar ¿no?
-...

  La Luna poco a poco se apagaba y su aspecto destrozado se escondía tras ese manto de oscuridad. Jacki volvió a dejar su cabeza en la posición inicial con un lento movimiento. Sin embargo, esta aparente calma no duró mucho. Con un ágil movimiento sacó de un bolsillo de su pantalón una petaca sin abrir y la arrojó con violencia al río. Mr. Jones sin moverse de su lugar alcanzó a ver cómo un par de lágrimas saltaban de su cara y volaban junto con la petaca para fusionarse con las aguas que seguían moviendose mansamente.

-¿Cómo murió? - preguntó Mr. Jones como si nada hubiese pasado.
-En sueños - respondió Jacki secamente. Se quedó de espaldas a su compañero y mientras contemplaba el puente siguió su respuesta.- Cuando llegue estaba dormida. Yo creí que dormía, en realidad. Me acerqué lentamente para despertarla, pero cuando estuve a pocos centímetros de su cuerpo caí en la cuenta de que ya no iba despertarse. Le corrí el pelo de la cara y la tapé con las sábanas hasta el cuello. Fui hasta la cocina y me senté en el piso a llorar en silencio, pero el silencio fue más cruel que el suceso. El saber que no iba a poder quebrarlo otra vez me venció y salí del departamento sin pensarlo dos veces.

  Los faroles de las calles comenzaron a apagarse lentamente y el eclipse ya se había comido la mitad de la Luna. Jacki volvió al banco con tranquilidad y cuando estuvo sentado prendió otro cigarrillo. La tranquilidad de la ciudad se estaba convirtiendo en una peligrosa masa solida que asfixiaba. Ni en las casas, ni en los edificios, ni en los negocios quedaban luces encendidas. La calma ya contaminaba el denso aire de verano, y a pesar de esto, las dos figuras seguían sentadas manteniendo su siniestra e inexplicable unión.

-¿Vas a volver al departamento? -inquirió Mr. Jones con su acostumbrada serenidad.
-No. -contestó el otro volviendo a su tono habitual.- Voy a volver a casa. Seguramente me voy a encontrar minado de preguntas cuando llegue, pero voy a tener que decepcionarlos una vez más porque ya no quiero responderlas.
-Si eso te hace sentir bien...
-No se trata de si me hace sentir bien o no. Incluso existe la alta probabilidad de que las cosas empeoren cuando no responda, pero lo prefiero. Ellos sólo escuchan las situaciones y sacan sus conclusiones sin siquiera escuchar lo que pienso. Da igual. Cuando se cansen de mi silencio van a terminar por crear ellos la situación y de esa invención van a sacar otra vez sus propias conclusiones. También me da igual. Es precisamente en esa parte en la que me voy a sentir mejor. Yo ya no voy a ser quien alimente un monstruo imparable.
-Bueno, eso tiene más sentido por lo menos.
-No, no tiene sentido. Justamente por eso es que no deberían haber preguntas, pero eso ya no corre bajo mi control. Lo que sí está en mis manos es la capacidad de mantenerme alejado de todo eso y la voy a usar. Al menos hasta que logre entender qué fue lo que pasó.
-¿Todavía pensás que quedaron cosas sin responder?
-No sobre el presente.
-¿Entonces? -preguntó Mr. Jones arqueando las cejas.
-Hay un par de cosas que jamás me cerraron en todo esto. Yo en teoría estaba enterado de todas las situaciones y de la noche a la mañana llovieron como trompadas muchas cosas que no llegué ni siquiera a entender del todo.
-Eso nunca me lo contaste.
-¿¡Cómo querías que te lo cuente!? ¡No tuve tiempo ni de respirar! ¡Fue un golpe atrás de otro!
-¿Cuándo fue?
-Hace mucho.
-¿Y entonces?
-¿¡Cómo carajo podés mantener la calma en una situación así!? ¡Siempre fuiste así! ¡Siempre representaste toda la tranquilidad que yo jamás alcancé a tener! ¡Nunca terminé de entender porqué o cómo pero siempre mantuviste la calma hasta el final! ¡Yo no soy así!
-Ya lo sé. Ya te expliqué varias veces que perder la calma en momentos como este no sirve de nada. Terminás volviendote loco y es difícil hacer algo con los nervios cruzados.
-Yo no soy así. Nunca voy a poder ser así. Todo empezó con un par de ruidos de alcoba y un día terminé saliendo a la calle y me encontré con todo lo que siempre ignoré. Casi pierdo la cordura pero me mantuve como pude en mi postura. No podía dejar de pensar en esa capacidad de las personas de darte un título y después sacártelo como si nada. Y no me vengan con eso de que uno siempre busca el lugar donde más cómodo se siente, a la gente no hay nada que le venga bien.
-No sé si puedo estar de acuerdo con eso.
-¿Cómo vas a estar de acuerdo? Vos tenés a Sophie. Hace nueve años que se conocen y jamás estuvieron separados. Vos mismo me contaste que la noche del accidente ella se quedó hasta el final. Después de recobrar la compostura me dijiste que lo que más te enamoraba es esa capacidad que tiene ella de permanecer de pie y al lado tuyo aunque le digas de todo en un arranque de locura.
-Es verdad. Jamás me abandonó por más que tuviera un año entero de "malos días".- acotó pensativo Mr. Jones.
-Además nunca hubo demasiados secretos entre ustedes. Era cuestión de tiempo, pero tarde o temprano hablaban todo de frente. Yo me encontré con más de una mitad de vida ahí afuera.- continuaba Jacki cada vez más indignado y furibundo.
-¿Alguna vez lo hablaste con ella?
-Un par. Después entendí que había cosas que no me iba a contestar. En ocasiones desviaba la conversación y en otras me decía algo completamente distinto, pero con lógica y argumentos creíbles. Es difícil mantener una estabilidad cuando el otro te contesta con otra historia y vos ya conocés la verdadera.
-Y ¿Por qué no se lo dijiste?
-Porque no podía.- contestaba con la voz partida por el llanto.- Ella no era de enfrentarme directamente. Todo se basaba en indirectas que tenía que aprender a captar a veces. Cuando esas indirectas no surtían efecto llegaba la confrontación directa y nunca saliamos del todo bien parados. Varias veces me remarcó que tenía miedo de perderme si apelaba a la sinceridad cruda. Si ella tenía ese miedo porqué no podía tenerlo yo también. No podía simplemente plantarme adelante de ella y decirle que sabía esto y aquello. Podría haber sido un desastre.
-Convengamos que también habían temas tabú rondando por ahí.
-Sí, pero siempre afectaba el afuera en su mayor parte. No sólo se jodió todo por dentro, el afuera ayudó.
-Y ahora ¿Qué pensás hacer?
-Voy a terminar de atar los cabos que me faltan. Ya en el último tiempo entendí que en las relaciones humanas tiene que haber cierto misterio, ciertos secretos para que funcione. Quizás por eso ya no preguntaba. Pero ahora es distinto. Si tengo que cerrar de una vez por todas la puerta al pasado voy a dejarlo completo al menos. No quiero nebulosas eternas dando vueltas por ahí.
-¿Y después?
-Se cierra la puerta, como ya te dije. Así de simple. Como un ciclo.
-Yo soy el que permanece tranquilo hasta en las peores circunstancias pero el que simplifica todo sos vos. No entiendo.
-¿Qué más puedo hacer? Ya no hay más vueltas para dar. Lo último que pasó fue directo y claro. Me queda arreglar esas partes que quedaron sueltas allá en el tiempo pasado. Después de eso la vida sigue ¿Por qué tendría que volverlo tan complejo? ¿Por qué me quedaría de brazos cruzados y llorando en un rincón? Vos lo dijiste muchas veces: La vida sigue.

  Al terminar la frase la Luna se cubrió por completo. La ciudad entera estaba a oscuras. Sólo iluminaban los cigarros que fumaban a la par. Un silencio pacífico se dejó llevar durante un largo rato.

-Es irónico que en una noche como esta la parte más iluminada de la ciudad esté completamente a oscuras.- soltó Jacki luego de unos minutos.
-¿Tenés algún miedo? - preguntó Mr. Jones todavía sorprendido por el comentario de su primo.
-Ninguno. Los miedos sólo existen cuando existe alguien capaz de cuidarte de ellos.
-Tal vez tengás razón. De todas formas el amanecer va a rayar la noche dentro de poco.
-No quiero decepcionarte pero no esperes ver el Sol. No vamos a tener esa oportunidad.
-...- Mr. Jones permaneció en silencio recorriendo con una mirada escéptica a su compañero.
-¿Qué? No estoy siendo dramático. Escuché en las noticias que iba a estar nublado por la mañana.
-Supongo que no le presté atención a las noticias hoy.- respondió con alivio Mr. Jones.
-Yo intente distraerme un poco y puse la radio en el MP3.
-Ah.
-Lamento también tener que decirte que vas a tener que contemplar el amanecer en soledad. Yo me voy, tengo cosas que hacer.
-¿Vas a poder solo?
-Sí. Estoy enfrentando la situación. Sin máscaras, sin huidas cobardes, sin excusas. No te preocupes, sin desapariciones tampoco. En unos días voy a pasar por tu casa otra vez. Te lo prometo.
-Está bien. Te creo.
-Nos vemos dentro de unos días entonces.- se despidió Jacki.
-Nos vemos dentro de unos días.- saludo Mr. Jones.

  Mr. Jones se quedó solo en el banco conservando la misma posición serena que tuvo desde un principio. El viento ahora soplaba con aires de lluvia, sin embargo, traía una frescura de otoño que dejaba respirar otra vez.
  Luego de unos instantes el ruido de motor del auto de Jacki resonó como trueno en la insoportable calma continua de aquel escenario. Pronto las luces de la parte de atras del coche se perdieron a lo lejos.
Mr. Jones, que seguía sentado en la oscuridad, respiró hondo y cerró los ojos para poder vislumbrar algo que lo mantuvo sumido en maquinaciones toda la tarde, hasta que por fin se decidió a concretarlo.
Sacó su celular y marco mecánicamente los numeros ya conocidos desde hace años.

-¿Hola? -respondió una dormida voz del otro lado luego de unos segundos.
-Sophie ¿Estabas durmiendo?
-No, estaba probando cerrar los ojos y quedarme quieta sobre la cama durante varias horas ¿Por?
-Por nada. Quería recordarte que te amo. Sé que no soy tan demostrativo a veces, pero te amo muchísimo.
-Yo también, amor ¿Dónde estás?
-En Puerto Madero. Recién terminé de hablar con Jacki.
-¿Y cómo te fue?
-Supongo que bien. Creo que está vez las cosas van a salir mejor.
-Espero que sí.
-Yo tengo cierta seguridad. Pero cambiando de tema ¿Vos dónde estás?
-En Flores ¿Querés venir?
-Creo que tenía eso en mente desde que empezó la llamada.
-Ya sé, bombón. Después de tantos años te tengo calado hasta en tu propio juego imprevisible -soltó tiernamente Sophie con una sonrisa y luego continuó- ¿Tenés la llave?
-No, la dejé en casa- respondió Mr. Jones avergonzado.
-O sea que tengo que bajar ocho pisos en bombacha y remera.
-Creo que sí.
-Te la voy a cobrar bien caro. Eso anda sabiendolo.
-Bueno, ya se me va a ocurrir algo para compensarte.
-¿Hace frío?
-Un poco.
-Está bien. Te veo en un rato, amor.
-Nos vemos.

  Al terminar la charla se incorporó mientras guardaba el celular y se encaminó lentamente hacia la parada de colectivos. La claridad de la mañana acechaba ahogada detras de las nubes que cubrían todo el cielo. Cuando cruzaba el puente las primeras gotas se dejaron caer con suavidad desde lo alto.

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