Puntada al pecho. Esa es la primera señal. Todavía es temprano. Falta el aire, pero todavía es temprano. Suelta la navaja y deja tallada la corteza de otro manzano. La navaja después la recuperará, por ahora descansa mejor en la tierra humeda. Hace poco paró de llover.
Una sensación de hormigueo va subiendo desde la punta de los dedos hasta las muñecas. Segundo síntoma, pero todavía es temprano. Ahora las calles ¿Cuáles eran? Rivadavia, Cabildo, Gallardo ¿Cuál? Creo que la cortada. Por ahí. Aunque los pasos sean débiles.
El frío que no existe afuera está ahora traspasando la piel y las costillas. Es la tercera marca ¿Llegará a tiempo? Hormigueo, frío bajo la piel, puntadas como golpes certeros. La envidia de cualquier droga y ni siquiera la heroína se queda tranquila tras el envoltorio plastico de una jeringa desperdiciada.
La noche ahora duda de su duración. Tiene que llegar antes de que el Sol rompa las nubes, la luz podría lastimarle los ojos. Ojos que tal vez no vean seguido la realidad, pero que igual son sensibles. La navaja, quiere volver a buscar la navaja. Se siente inseguro sin ella. Para eso sí es tarde. No debería. No ahora que está tan cerca de casa.
Los párpados se entrecierran. No, no se puede regresar. La navaja seguirá descansando. Tal vez en la tierra ya seca, tal vez en otras manos. Vivir con la inseguridad se cura con fortaleza interior. Pasando etapas se sobrevive a los obstáculos típicos del camino. Porque, en teoría, pasar etapas y cerrar ciclos lo deja a uno más fuerte que antes ¿No?
Manotea torpemente el picaporte y pone empeño en no caerse. El adormilado amor lo está fundiendo en otra realidad. Cruza las puertas pero se desploma en el suelo al instante. No llegó a la cama. Sin embargo, logró escapar una vez más.
Ya llegará la mañana sin problemas. Los ataques se recrudecen, pero sigue siendo tan ágil como siempre para eludirlos.
Todavía es temprano.
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